INICIO DEL SADE SATI DEL REY

Capitulo XII
El Comienzo del Período de Saturno de
Siete Años y Medio que Domina la Vida de Vikramaditya
Tiempo después, cuando el temido y extremadamente severo planeta Saturno ingresó en la constelación de Virgo, ocupando la casa doce del horóscopo de Vikramaditya (contada desde la posición de la Luna natal), un astrólogo de gran sabiduría y erudición acudió a visitar al heroico monarca.
Tras presentarse ante el rey, le dijo:
—¡Oh, gran Rey! El poderoso y temible Saturno ha entrado ya en la casa doce desde su Luna natal, y con ello ha comenzado el período de siete años y medio conocido como Sade Sati. Aunque en el pasado habló de este planeta como si fuera uno más entre los demás, debe saber que en los tres mundos es venerado y temido bajo el nombre de Mahakrura, “el Megacruel”.
Ha llegado el momento de que realice actos de adoración, distribuya limosnas y haga recitar mantras en su beneficio. Mediante estas prácticas podrá apaciguar a Saturno, obtener su favor y protegerse de las pruebas y sufrimientos que suele imponer durante su influencia.
“Busque a un Brahmana erudito y devoto, y pídale que recite en su nombre el mantra de Saturno 23,000 veces. Una vez concluida la recitación, deberá realizar 5,750 ofrendas al fuego del sacrificio (homa). Asimismo, done hierbas, vestimentas negras, hierro y aceite a un Brahmana, y ofrezca alimento a los Brahmanas.
Lleve consigo un zafiro azul puro. Si encarga la recitación de los mantras, alimenta a los Brahmanas y les ofrece reverencias y adoración, considerándolos como la misma representación de Saturno, entonces Saturno se volverá favorable y pacífico.
Cuando Saturno se sienta complacido con estos actos de devoción y servicio, lo protegerá durante los siete años y medio de su influencia, del mismo modo en que un padre protege a su propio hijo.”
El rey Vikramaditya respondió:
—Ciertamente podría intentar apaciguar a Saturno mediante abundantes donaciones y realizando todos los arreglos necesarios para su adoración. Sin embargo, no tengo la absoluta certeza de que tales actos logren complacerlo. Después de todo, desde el mismo momento de su nacimiento causó sufrimiento incluso a su propio padre y a su propia madre. Si actuó de esa manera con quienes le dieron la vida, ¿qué bondad podría esperarse de él hacia alguien como yo?
Además, aquello que ya ha sido escrito por el destino inevitablemente habrá de manifestarse. Nadie puede escapar a lo que le corresponde vivir. Por lo tanto, ¿qué sentido tendría preocuparme por lo que es inevitable?
Por favor, regrese a su hogar.
Después de pronunciar estas palabras, el rey despidió respetuosamente al erudito Pundit
Tiempo después, Saturno adoptó la apariencia de un acaudalado mercader que había llegado a la ciudad de Ujjayini para vender magníficos caballos.
¡Oh, oyentes!, dijo el narrador de esta historia. Escuchen con atención lo que sucedió a continuación.
La fama de aquellos extraordinarios caballos se extendió rápidamente por toda la ciudad, y numerosos nobles y hombres adinerados acudieron a contemplarlos con la intención de comprarlos. Cuando el rey Vikramaditya escuchó hablar de ellos, ordenó a su cuadriguero que fuera a inspeccionarlos y adquiriera algunos ejemplares para las caballerizas reales.
Obedeciendo las órdenes de su soberano, el cuadriguero visitó el establo del mercader y seleccionó un caballo de excelente linaje y porte excepcional. Sin embargo, cuando escuchó el precio solicitado, quedó tan sorprendido que regresó de inmediato al palacio para informar al rey.
Al enterarse de aquella cifra extraordinaria, Vikramaditya sintió una gran curiosidad y decidió acudir personalmente a ver los caballos. Saturno, oculto bajo el disfraz del mercader, presentó al rey un caballo tras otro, y el monarca los examinó cuidadosamente, admirando su fuerza, elegancia y noble estampa.
Finalmente, Vikramaditya preguntó:
—Mercader, ¿cuál es el precio de estos caballos?
Saturno respondió con una leve sonrisa:
—Su Majestad, primero monte el caballo que más le agrade y pruébelo personalmente. Una vez que haya decidido que es digno de usted, entonces le revelaré su precio.

Al rey le gustó un caballo llamado Sarang, así que lo montó, sobre la montura del caballo con un látigo que puso en el lomo de Sarang lo llevó por los alrededores para una prueba. La cabalgata lo llevo bien y el rey estaba complacido. Pero en ese momento, el mercader trajo otro caballo de nombre Akhlakh, y dijo al rey. “El precio de este caballo es de cien mil rupias de plata. Se que tal precio nunca ha sido pedido por un caballo, pero si usted lo monta personalmente y lo cabalga por un momento, sabrá precisamente mucho de su marcha y calidad. Luego será capaz de analizar su valor por si mismo.” Entonces el rey subió al caballo y lo llevo por los alrededores. Después de hacerlo andar a medio galope por un momento, dijo, pero a nadie en particular, “Este caballo es superior, brilloso y veloz.”

Tan pronto estas palabras salieron de la boca del rey Akhlakh dio un tremendo salto y voló dentro del cielo a una velocidad grandiosa. Mientas más lejos saltaba mucho más lejos volaba, y el rey se sostenía con mucha fuerza para cuidar su vida.

Finalmente penetraron a la densa jungla en una tierra lejana y descendieron en la orilla de un río. El Rey mismo se armó suficientemente de fuerza y valor para saltar del caballo, que inmediatamente desapareció de su vista y el río también desapareció. Al ver que no había caballo ni río y rodeado de un bosque impenetrable el Rey Vikrama estaba agobiado de infinito pesar. Se preguntó tristemente así mismo, “¿Ahora adonde iré, y qué haré?”

Rápidamente se puso la puesta del Sol, y la oscuridad se expandió en todas las direcciones con tanta rapidez que pronto sería imposible para el rey ver cualquier camino a través del bosque lúgubre. No tenía otra alternativa sino que pasar la noche debajo de un árbol hasta que la luz de la siguiente mañana apareciera. Después de amanecer el rey emergió con gran dificultad del bosque, atacado penosamente por el hambre y la sed. En ese momento un vaquerito pasaba, que le dio al rey algo de agua y le enseño el camino directo hacia la ciudad más cercana, que era nada menos que la ciudad de Tamalinda que estaba a más de treinta y dos kilómetros de distancia. Suspirando penosamente y lleno completamente de angustia y lamento sobre su predestinación. El Rey Vikrama fatigadamente se puso en marcha sobre el camino, avanzando lentamente hacia su destino.
Atrás en Ujjayini la gente lo había esperado pacientemente, pero cuando la noche cayó, el rey no había descendido del cielo, ellos se desconsolaron y se desesperanzaron. Toda la ciudad se sumergió en una inmensa pena sobre la desaparición repentina de su amo amado, y la expresión de profunda angustia se extendió entre todo el pueblo como un dolor que se expande sobre un miembro enfermo del cuerpo.
A la mañana siguiente de la desaparición del rey, el mercader de caballos fue en busca del primer ministro y le dijo, “Por favor ahora págame por el caballo.” El primer ministro respondió, “Cuando el rey regrese te pagaré.” Él entonces envió a hombres a todas las direcciones para buscar al soberano, pero debido que ellos no tenían ni siquiera una pista de donde se había ido, el primer ministro finalmente tuvo que pagar al mercader cien mil rupias de plata, el cual era el precio que había mencionado al rey. Guardándose el dinero, Saturno se volvió invisible.

Mientras tanto el Rey Vikrama lentamente seguía su camino a la ciudad de Tamalinda, y al entrar encontró una tienda. Se sentó para descansar por un momento frente el local comercial. Y sucedió que las ventas del mercader de esta tienda durante ese período de tiempo habían doblado sus ventas usuales. Al notar esto el vendedor pensó así mismo, “Aquí parece que viene un hombre muy rico a comprar,” y le dio la bienvenida al rey Vikrama con gran respeto. Sentándolo al rey en su tienda, el comerciante le dijo, “Por favor lave sus manos, boca y pies y luego báñese y luego venga a mi hogar para que tome alimentos, ¿A que casta pertenece? ¿Dónde queda su hogar? Y ¿Cuál es su nombre?”

El respondió, “De nacimiento soy un Kshatrya, y mi tierra natal esta lejos de aquí. Errando y errando he llegado a esta ciudad y al ver su tienda comercial, me detuve acá por un momento para descansar.”
El mercader respondió, “Usted habla muy bien, debe ser por el lugar de donde vienes, por favor venga conmigo ahora a mi hogar,” y al decir eso dirigió al rey a una mansión muy elegante no muy lejos de allí. Después de que el rey Vikrama se había bañado y había ejecutado sus rituales diarios de adoración, lo sentó en un lugar muy cómodo con gran pompa he hizo que le sirvieran platos deliciosos y variados que contenían plenamente los seis sabores. Después de comer hasta que sus estómagos estaban llenos, los dos hombres lavaron sus manos y rostros y comenzaron a masticar hojas y semillas de betel.
Y sucedió que la hija del mercader de nombre Alolika (la que no se agita), estaba buscando un hombre de su agrado para contraer matrimonio. Su padre también había estado buscando con mucha dedicación pero no había encontrado al hombre apropiado hasta hoy, cuando el destino había inesperadamente arribado a su tienda con este hombre afortunado, que parecía ser la pareja más apropiada para unirse con su hija. Entonces el mercader llamó a su hija y le dijo, “¡Alolika! El día de hoy he encontrado un hombre propicio para ti. Ponle una guirnalda (que significa que ella lo ha seleccionado como un esposo), y cásate con él.”

La muchacha dijo, “Muy bien, pero me casaré con él solo después de haberlo probado. Debo conocer la extensión de su sabiduría, habilidad y profundidad antes de casarme con él. Después que caiga la noche, envía a ese huésped tuyo a que duerma a mi cuarto de arte. Ahí lo probaré y si pasa mi prueba me casaré con él.”
El mercader envió al Rey Vikrama al cuarto de arte de su hija. Cuando el rey entró al dormitorio, primero estaba muy asombrado por las paredes, que estaban cubiertas por una variedad de cuadros y pinturas de elefantes, caballos y aves. En medio del dormitorio una cama yacía con un colchón cubierto de cubrecamas finos y sedosos de color blanco y con almohadas en ambos lados. En el centro del techo había una araña de luces llena de perlas que se extendía en todas las direcciones. Las lámparas emanaban luces brillantes como la de la Luna sobre todo el escenario y las guirnaldas de rosas distribuían sus fragancias a lo largo del cuarto cuando estaban asombrados por la brisa. Cerca de la cama había una mesa tallada en la cual habían floreros llenos de rosas rojas y hermosas y una variedad de esencias de perfumes.

Al ver la decoración incomparable del dormitorio, el rey Vikrama pensó, “¡Oh! ¿Qué país es este, y que belleza es esta? La marcha del karma lo deja a uno perplejo, nadie es capaz de comprenderlo. Todo esto parece para mí que es una de las ilusiones del Señor Saturno, algo que ha arreglado para desilusionarme; no, de esto no hay duda, esto es lo que sucederá. Incluso la hija del mercader debe ser parte de la ilusión del Señor Saturno. Ahora veré que sucederá más adelante.” Se metió en la cama, cubrió su cabeza y pretendió dormir.
Pretendió dormir debido que no podía dormir. ¿Cómo podía dormir? Con la mirada cruel de Saturno sobre él y los siete años y medio de la influencia de Saturno que se estaban aferrando sobre él, el rey se acostó en la cama jalando los cubrecamas sobre su cabeza, sofocado con pensamientos de calamidades inevitables.

Mientras que estaba en este estado la hija del mercader, adornada con las dieciséis variedades de decoraciones, entró al aposento. Un collar precioso de perlas y diamantes embellecían su delicado cuello, se soltó los cabellos que estaba lleno de perlas. En su nariz tenía un arete con un diamante engastado. La belleza divina de su cuerpo brillaba a través de sus vestimentas finas como unas luces de rayos que iluminan las nubes doradas de la noche. Con gran esperanza ella entró al cuarto, que al caminar resonaba felizmente ese tintineo de sus tobilleras y cuando los perfumes salían a través de sus poros, ella se acercó a la cama y vio que el rey estaba dormido, con la cabeza cubierta con el cubre cama.
En ese entonces Alolika estaba bien versada en probar a los posibles pretendientes y era muy astuta en el arte de unirse así misma con el novio apropiado. Ella trató de levantar al rey de ese sueño al rociarle suavemente agua con azafrán, pero debido que el sueño del rey era solo una pretensión o un engaño, ¿Cómo ella lo iba a despertar? A un hombre dormido se le puede hacer hablar, pero un hombre despierto siempre se mantendrá callado.

La hija del mercader trató de despertarlo por tres horas, pero sin ningún resultado, de tanto insistir. Ella saco su collar de perlas y lo colgó sobre un colgador de mano y dejando salir un profundo suspiro, con su corazón palpitando rápidamente y su cuerpo temblando se acostó al costado del rey. Poco tiempo después ella se quedo profundamente dormida.
Luego de eso, el rey se descubrió el rostro de los cubrecamas y pensó, “Las personas me llaman valiente y heroico y dicen que mi mente siempre está inclinada a ayudar a los demás. Día y noche tengo temor de pecar. Acá esta doncella con quien no me voy a casar, ¿Cómo puedo explicar mi situación ante ella? Si los sabios consideran incluso que es un pecado hablar en privado con una mujer que aun no se ha casado, ¿Qué más pecaminoso debe ser si la toco a ella?”
Mientras el rey Vikrama estaba pensando de este modo observo algo maravilloso: Un pintura de un cisne que estaba en uno de los cuadros de la pared repentinamente tomo vida. Salió del cuadro de la pared y salto al suelo del dormitorio, se contorneo hacia el colgador de mano donde estaba el collar de Alolika y comenzó a comerlo. El rey maravillado enormemente por esta escena y fatalidad a la vez pensó: “Este evento va a ser una gran fuente de miseria para mi, me va a costar mucho. Si le quitó al cisne el collar perderé mi reputación de nunca haber rehusado a alguien complacerle un pedido, debido que el rechazo causará miseria, pero si dejo que el cisne se coma el collar, la culpa de robo caerá sobre mí. Bueno, que me caiga la culpa de robo, pero nunca destruiré mi reputación de generosidad por quitar el collar al cisne.” Pensando de ese modo, el rey finalmente se quedó dormido.

A la mañana siguiente, la dama se levantó y se dijo así misma. “Este hombre que mi padre ha traído para mí es tonto impotente que esta durmiendo incluso hasta ahora.”
- Ramanuja Das
- on May, 29, 2026
- LA GRANDEZA DE SATURNO
