FINAL DEL SADE SATI DEL REY

Capitulo XIV
El final de los Siete Años y Medio y la
Complacencia del Señor Saturno
El rey Vikrama, ignorante de los acontecimientos que se estaban desarrollando en el palacio, comenzó a reflexionar con profunda preocupación:
—¿Cuándo podré regresar a Ujjayini y volver a gobernar mi reino? He soportado toda clase de sufrimientos y miserias, y aun así el Señor Saturno no me ha concedido su gracia. ¿Llegará acaso el día en que me mire con misericordia?
Mientras meditaba de esta manera, el Señor Saturno, cuyo corazón ya se había enternecido por la paciencia y fortaleza del rey, apareció repentinamente ante él en toda su majestad.
El poderoso planeta le dijo:
—¡Oh, rey Vikrama! ¿Me reconoces? Yo soy el Señor Saturno. Dime, ¿has sentido el ardor de mi poder? ¿Has comprendido ahora cuánto sufrimiento puede ocasionar aquel a quien insultaste en tu corte?
Al ver y escuchar al todopoderoso Saturno, Vikrama intentó levantarse para ofrecerle sus respetos. Sin embargo, al no tener pies, cayó al suelo. Incapaz de sostenerse, se arrastró como pudo hasta los pies del Señor Saturno para rendirle homenaje.
Entonces Saturno le dijo:
—¡Oh, rey Vikrama! Te felicito por tu extraordinaria paciencia. Has soportado sufrimientos inmensos sin perder tu dignidad ni tu fortaleza. Estoy complacido contigo. Pídeme ahora cualquier bendición que desee tu corazón.
Con la voz quebrada por la emoción y los ojos llenos de lágrimas, Vikramaditya respondió:
—¡Oh, gran controlador del destino! He soportado dolores y penurias indescriptibles bajo tu influencia. Por ello, no deseo riquezas, poder ni gloria. Solo te pido una bendición: que ningún ser en este mundo tenga que sufrir una miseria semejante a la que yo he soportado. ¡Oh, compasivo Señor Saturno! Este es el único deseo de mi corazón. Que nadie tenga que atravesar tormentos como los que yo he vivido.
Al escuchar estas palabras, el Señor Saturno sonrió complacido y respondió:
—¡Excelente, rey Vikrama! Verdaderamente has demostrado la nobleza de tu carácter. Pudiste haber pedido la restitución de tus manos y tus pies, o cualquier otra recompensa para ti mismo; sin embargo, olvidaste tu propio sufrimiento y pensaste primero en el bienestar de los demás. Has sentido en tu corazón el dolor de todos los seres y has pedido una bendición para el mundo entero.
»Quien actúa de esta manera es un verdadero benefactor de la humanidad. Tu compasión y tu desinterés me han complacido profundamente. Por ello, te concederé dos bendiciones.

»Primero, que tus manos y tus pies sean restaurados tal como eran antes. Segundo, que recuperes toda tu belleza, vigor y esplendor.
En el mismo instante en que Saturno pronunció aquellas palabras, las manos y los pies de Vikramaditya reaparecieron milagrosamente. Su cuerpo recuperó la perfección de antes y su rostro volvió a irradiar el mismo brillo y majestuosidad que había poseído en sus días de gloria.
Lleno de gratitud, Vikramaditya se postró a los pies del Señor Saturno y apoyó su cabeza sobre ellos.
—¡Oh, Señor Saturno! —dijo con profunda emoción—. Me inclino ante ti una y otra vez por haberme mostrado tu gracia y tu misericordia. Sin embargo, aún deseo pedirte una bendición más: que ningún ser viviente, sin importar su especie o condición, tenga que soportar jamás una aflicción semejante a la que yo he experimentado.
- Ramanuja Das
- on May, 29, 2026
- LA GRANDEZA DE SATURNO
